«Soy tan misteriosa que ni yo misma me entiendo»
Escritora, reportera, traductora y escritora de novelas, cuentos, libros infantiles y poemas. Nacida en Ucrania, nacionalizada en Brasil, de origen judío.
Conocí a Lispector por recomendación de una amiga, quien me propuso la lectura de Un soplo de vida, escrito entre 1974 y 1977 en vísperas de su muerte. Este libro lo escribe desde la agonía y tal vez desde la desolación, acompañada del dolor y a veces desde la impotencia, aquí se encuentra la esencia misma de su escritura, que se recrea y se acompaña en ese proceso hacia el fin, hacia la muerte.
Clarice Lispector me genera toda clase de sentimientos, me hace reflexionar, recordar, inventar, suponer, imaginar que en la construcción de las ideas escritas puedo jugar a sumergirme en todas las sensaciones y que mis sentidos están allí esperando esa frase, esa palabra que me dé la razón de la existencia, o de cómo se acompaña el dolor que avanza y no da tregua.
Me motiva encontrar en esta escritora eso que ella dice, y que según Florencia Garramuño, que en la mayoría de sus libros se puede encontrar la huella de su escritura rara, tal vez con razón encuentro en sus novelas ese sumergirme desde esa prosa poética, desde esa mirada subjetiva de la cotidianidad, desde ese sentir.
“La vida no se adjetiva. Es una mezcla en un crisol extraño pero que me hace, en última instancia, respirar. Y a veces jadear. Y a veces apenas poder respirar. Sí. Pero a veces también está el sorbo profundo del aire que alcanza hasta el fino frio del espíritu, sujeto al cuerpo por ahora.” (Un soplo de vida, página 19).
El juego de palabras aquí tiene una importancia creativa por cuanto recrea y nombra a su manera esos sentires, esas miradas, esos sus pensamientos que brotan y se plasman en obras literarias de gran valía. Y es precisamente por esto que Lispector es considerada una de las más importantes escritoras brasileñas de la segunda mitad del Siglo XX. Es gracias a su estilo, y que según Lispector es un no – estilo, que le imprime una marca a sus escritos y en donde se evidencia que llenaba de espiritualidad los detalles cotidianos y que se caracterizaba por utilizar la primera persona en los relatos.
Revisando su bibliografía llama la atención esa relación que tenía con la escritura, que para ella significaba su vida, el día a día, el norte, la esencia misma de todo su ser. Dice Florencia Garramuño: “Hay una foto de Clarice que muestra cómo escribía: con la máquina de escribir en la falda, mientras cuidaba a sus hijos pequeños. Se llevaba la máquina con ella, se llevaba la escritura con ella, eso sí que era escribir con el cuerpo”.
Acercarse a la vida de Lispector es ya de por sí una aventura que nos lleva a buscarla desde la poesía misma, dice el traductor Gregory Rabassa, que cuando la conoció “quedó atónito al conocer a esa persona extraña que se parecía a Marlene Dietrich y escribía como Virginia Woolf”. Y en palabras de Clarice “Soy tan misteriosa que ni yo misma me entiendo”.
Encuentro en su obra literaria, temas recurrentes: el instante a manera de consagración, la intensidad profunda en la cual teje su escritura con entramados y complejos procesos emocionales y mentales, y sobre su conciencia de los límites, Lispector de forma clara nos plantea que “la palabra tiene su terrible límite”.
Felicidad clandestina es un libro de cuentos que fue publicado en 1971, en donde hace referencia precisamente a los instantes, esos instantes placenteros que cada persona experimenta y siente de una manera propia, es esa mirada, ese momento que nos invita a encontrar realidades acompañadas de estupor y tal vez de embriaguez. Llega este libro a nuestras manos, a nosotras lectoras empedernidas, amantes de la buena lectura, a nosotras que hacemos parte del Club de Lectura de El Telar de las Palabras. Es aquí donde se suceden los encuentros, en cada uno, aparece la admiración, la sorpresa, lo inimaginable; eso que a veces nos sucede y no sabemos cómo pintarlo o cómo nombrarlo, pero que nos deleita y nos genera perplejidad y hasta desencuentros, y en esa sensación aparece en sus propias palabras esta mirada: “no escribo para agradar a nadie”.
María Isabel Martínez Garzón
Agosto 09 de 2021