Ni Por Favor Ni Por Favora
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Puede que os sorprenda, pero no se puede hablar de lenguaje inclusivo sin hablar de las madres.
Tú querías ir a una excursión, o salir hasta un poco más tarde, o dinero para ir a un concierto. Insistías y te decían que no. E insistías.
—Que no.
—Por favor, mamá.
—He dicho que no.
—Porfa, mami.
—Que he dicho que no y es que no.
—Porfavor, porfavor, porfavor, porfavor.
—Ni por favor ni por favora.
Y ahí acababa la discusión. Tú sabías que tras el por favora había un punto final del tamaño de la catedral de Burgos. Habías perdido.
Puede que nuestras madres no hubieran leído nada de Foucault, de Giddens, de Bengoechea o Lledó. Quizás la palabra feminismo les sonaba a chino. Pero tenían ese conocimiento intuitivo del idioma en el que somos construidas: el masculino se forma con la o. El femenino se forma con la a. Si quieres que estén uno y otra, los nombras. Y punto.